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miércoles, 22 de mayo de 2013

Carta Pastoral: Jornada Pro Orantibus en el año de la fe Centinelas en la oración.


El contemplativo 
1. El próximo domingo de la Santísima Trinidad, día 26 de mayo, la Iglesia nos invita a centrar nuestro interés en un grupo de personas, minoritario en la Iglesia, que hace muy poco ruido, pero que tiene una misión importantísima dentro del pueblo cristiano y en el mundo. Son las personas contemplativas.
Viven en conventos y monasterios, forman comunidades muy bien organizadas y “dedican, según nos dice el Concilio Vaticano II, todo su tiempo únicamente para Dios, en la soledad y el silencio, en oración constante y en la penitencia practicada con alegría” (Perfectae caritatis, 7), llevan a su más alta cota su consagración bautismal y la viven con radicalidad, teniendo al Señor por esposo, su único tesoro y herencia. 
En los contemplativos y contemplativas, como su nombre lo indica, prima la contemplación sobre la vida activa, como puede ser el apostolado, la enseñanza, la educación, la atención a los pobres, enfermos, ancianos, necesitados… pero en ningún momento se desentienden de la realidad del mundo y problemas de la humanidad, al contrario, las asumen como algo muy propio y, desde su retiro, oran y piden para que se cumpla en todo momento el proyecto divino. 
Son personas que, en todas las horas del día, oran en silencio por nosotros, nos ofrecen el testimonio del valor de la vida sobrenatural y constituyen un anticipo de la eternidad. Su vida en pobreza, castidad y obediencia nos habla del Reino de los cielos, al que aspira el ser humano desde su más profunda verdad. Centinelas de la oración 
2. Cuando uno entra en el interior de un monasterio, en clausura, lo que más llama la atención a los de fuera, así se comenta con frecuencia, es que ahí se percibe y hasta se respira el silencio. Todo el lo envuelve como un oasis de reposo, de paz y tranquilidad, tan diferentes del mundanal ruido al que estamos acostumbrados.
Ese silencio, hasta misterioso, invita a la oración constante. En los evangelios se nos cuenta que Jesús se retiraba con frecuencia a orar, que pasaba noches en oración, que oraba sin desfallecer en los momentos cruciales de la vida. Todo ello suscitó a los discípulos el deseo de aprender a orar y que, con frecuencia, exhortara a orar a sus discípulos. 
Las personas contemplativas son los más fieles discípulos del Señor en este aspecto tan importante de la vida del cristiano y de la Iglesia. Sus conventos y monasterios son para nosotros el testimonio vivo de Jesús orante y una invitación constante a la oración en la Iglesia. 
Para nuestra sociedad, encarcelada en el torbellino del ruido y de sensaciones que pasan y corren como el tiempo, las personas contemplativas, desde su silencio elocuente y fecundo, son centinelas que señalan lo que es esencial y duradero gracias a su atenta escucha a la voz del Espíritu. Vigilan día y noche, en nuestro favor, como las vírgenes prudentes de la parábola, con sus lámparas encendidas a la llegada del Esposo (cf. Mt. 25, 1-13). 
En el Año de la Fe 
3. Con razón esta jornada anual de las personas contemplativas se celebra en la Fiesta de la Santísima Trinidad, fundamento y cumbre de nuestra fe cristiana. En ella se nos invita a adentrarnos en el misterio de Dios y las personas contemplativas, desde su constante oración, reflexión y adoración, son modelo y camino para encontrarnos con ese rostro de Dios, tesoro siempre inagotable.
La Trinidad es, sin embargo, un misterio para ser contemplado, para bendecir a Dios y darle gracias, para dejarse penetrar por él. Es Cristo, Verbo encarnado, quien nos lo revela (cf. Gaudium et spes, 22) y no sólo a un grupo de cristianos privilegiados, como pueden ser los monjes y las monjas, sino a todos los cristianos. 
Pensemos que, siendo un misterio sublime, no somos ajenos a él, dado que hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza y nuestro destino es ser templos vivos donde mora Dios para estar con él definitivamente un día en su gloria. 
En este Año de la Fe, fijemos nuestra atención especial en las oraciones que empiezan y terminan en el nombre de Dios uno y trino, cuando nos santiguamos, cuando se nos bendice y perdona en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
Su Santidad Benedicto XVI, en su Carta Apostólica Porta fidei, sobre la convocatoria de este Año de la Fe, escribe que: “Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn. 4, 8); el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor” (n. 1).
Veinte monasterios en la Iglesia de Jaén 
4. Agradezcamos y recordemos, en esta fecha y muchas más, a las veinte comunidades femeninas de vida contemplativa en nuestra Diócesis: Agustinas, Carmelitas, Clarisas, Franciscanas, Dominicas, Trinitarias y Mínimas.
Al tiempo que les manifestamos nuestro aprecio, afecto y gratitud, oramos también por ellas, en justa correspondencia a cuanto interceden por esta Iglesia, y pedimos al Señor que les envíe nuevas vocaciones. 
Nuestra solidaridad y amor a la vida contemplativa debe llevarnos incluso a preguntarnos si hemos de ayudarles económicamente, si hemos de colaborar en apoyo de su formación o a favor de alguna persona con vocación contemplativa, que no pudiera hacerlo por falta de recursos. 
Invito, de forma especial, a los jóvenes y a las jóvenes para que no duden en conocer, de cerca, la gran riqueza de la vida contemplativa, a valorar la grandeza de este don a la Iglesia y a profundizar en la paz interior que desprende el rostro de estas hermanas nuestras, parte eminente de esta Iglesia diocesana. 
Os saluda y bendice en el Señor.

Texto y fotografía: gentileza Vicaría de Comunicación. Obispado de Jaén.

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