La Lumbre de San Antón vuelve a encender el alma de Jaén.
Jaén volvió a encontrarse consigo misma al calor de la lumbre institucional de San Antón, encendida en el corazón del histórico barrio de San Juan. Allí, donde las piedras guardan siglos de memoria, el alcalde Julio Millán, la concejala de Cultura María Espejo y otros representantes municipales se unieron a los vecinos para renovar un rito que forma parte del pulso más íntimo de la ciudad. La comunidad, reunida en torno al fuego, celebró una tradición que no solo ilumina las calles, sino también el espíritu de quienes la viven.
Antes de que la llama se alzara, el párroco de San Juan, Javier Cañada, cumplió con uno de los gestos más queridos de esta festividad: la bendición de los animales, acto que cada año congrega a familias enteras y que recuerda la profunda relación entre Jaén, sus costumbres y la figura protectora de San Antón. La misa previa, cargada de emoción y recogimiento, preparó el ambiente para la noche de fuego que estaba por llegar.
Vídeo Bendición de animales y encendido de la lumbre oficial de San de San Juan.
La lumbre oficial recuperó también su toque satírico, tan propio del carácter popular de la fiesta. El Ayuntamiento, a través del Patronato de Cultura, presentó un cartel protagonizado por un lagarto convertido en pelele, acompañado del mensaje: “El Ayuntamiento de Jaén acuerda ‘quemar’ los presupuestos municipales del año 2017”. Un guiño humorístico que recuerda que las lumbres son, además de tradición, un espacio para la crítica festiva y la memoria compartida.
Como dicta la costumbre, no faltaron las rosetas recién hechas ni las bebidas, servidas con dedicación por la Cofradía del Santo Sepulcro, que un año más mantuvo viva la esencia de estas reuniones vecinales. La lumbre, animada y concurrida, se convirtió en un punto de encuentro donde el fuego unió conversaciones, risas y recuerdos.
Y mientras la llama institucional ardía en San Juan, el resto de lumbres de la ciudad encendían también su propio relato. Cada barrio, cada calle, cada rincón de Jaén levantó su hoguera como un gesto de identidad, como un recordatorio de que esta fiesta pertenece a todos. Las lumbres, dispersas pero unidas en espíritu, formaron un mapa de luz que reafirma año tras año la fuerza de una tradición que no se apaga.
Así, Jaén celebró de nuevo su noche más arraigada: la lumbre que ilumina, que reúne, que recuerda y que fortalece. Una costumbre que sigue viva porque vive en su gente.








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