El pasado miércoles 17 de junio de 2026, a las once de la mañana, la Santa Iglesia Catedral de Jaén volvió a erigirse como el corazón espiritual de la ciudad. Sus muros, obra maestra de Andrés de Vandelvira, acogieron un acto cargado de simbolismo: el ofrecimiento del Jaén Paraíso Interior Fútbol Sala al Santo Rostro y al Santísimo Cristo de la Buena Muerte.
Vídeo completo del Ofrecimiento del Jaén Paraíso Interior Futbol Sala al Santo Rostro y
Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la S. I. Catedral de Jaén.
La jornada comenzó en la Sacristía Mayor, donde la luz tamizada por la piedra vandelviriana parecía envolver a los presentes en un ambiente de recogimiento. Allí, Modesto Martínez Elías, moderador del acto, dio la bienvenida con solemnidad, explicando el orden de una ceremonia que, desde el primer instante, se sintió histórica.
Intervinieron figuras de gran relevancia espiritual y social. José Antonio Melero Castellanos, Mayordomo del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, habló con la serenidad de quien custodia una devoción centenaria. Germán Aguayo Gálvez, presidente del Jaén Paraíso Interior FS, tomó la palabra con orgullo, representando a un equipo que había llevado el nombre de Jaén a lo más alto del deporte nacional. Finalmente, Francisco Juan Martínez Rojas, Deán de las Catedrales de Jaén y Baeza, elevó el acto con su presencia, recordando la profunda unión entre la Catedral y la identidad espiritual de la diócesis.
Concluidas las intervenciones, los asistentes se dirigieron a la Capilla Mayor, donde aguardaba la Sagrada Reliquia del Santo Rostro, uno de los símbolos más venerados de la cristiandad. Allí, ante la imagen que durante siglos había inspirado fe y consuelo, el equipo ofreció sus trofeos: la Copa de España y la Copa de S. M. el Rey. Las copas, brillantes y conquistadas con esfuerzo, parecieron adquirir un significado nuevo al ser depositadas ante el Santo Rostro, como si el triunfo deportivo se transformara en un acto de gratitud y humildad. Se realizó también la ofrenda floral y se tomó la fotografía del grupo, inmortalizando un instante que unió deporte y espiritualidad.
Después, la comitiva avanzó hacia la capilla del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, donde la imagen del Crucificado, imponente y serena, recibió igualmente la ofrenda de las copas y las flores. La atmósfera se volvió aún más íntima, como si el silencio de la capilla abrazara a los presentes. Una nueva fotografía recogió ese momento de devoción y respeto.
Para culminar la jornada, el Deán Francisco Juan Martínez Rojas ofreció una visita guiada por la Catedral, permitiendo al equipo recorrer el templo mayor de la diócesis y descubrir la grandeza arquitectónica que durante siglos había custodiado la fe de Jaén.
Finalmente, ya en la Plaza de Santa María, con la majestuosa fachada de la Catedral como telón de fondo, se tomó la foto final de familia. Aquella imagen, bañada por la luz de la ciudad, puso fin a un acto que había unido historia, fe y deporte en un mismo latido.











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