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sábado, 29 de noviembre de 2025

Presentación del documental “Maderadas”. Ríos Segura y Guadalquivir. La historia de los pineros gancheros en la Sierra de Segura. Intervienen José Laso Flores y Francisco Jiménez Rabasco. Modera Isabel Pereira.


En las profundidades de la Sierra de Segura y Cazorla, donde los ríos Segura y Guadalquivir serpentean entre pinares centenarios, existió durante siglos un oficio tan duro como poético: el de los pineros y gancheros. Estos hombres, verdaderos navegantes del bosque, guiaban miles de troncos río abajo, desde las altas montañas hasta los puntos de saca en el Guadalquivir, en un viaje lleno de riesgos, destreza y camaradería.

  
  

El documental Maderadas rescata esa memoria casi extinguida. A través de testimonios vivos de los últimos protagonistas, entrevistas conmovedoras, fotografías antiguas y recreaciones fieles a las historias orales, la obra reconstruye su mundo: la maestría técnica para dominar la corriente con solo un gancho, la íntima relación con el río y el monte, las condiciones extremas de frío, peligro y agotamiento, y el profundo impacto que las maderadas tuvieron en la economía, la sociedad y la identidad de las aldeas serranas.


Dirigido por José Laso Flores —un investigador autodidacta que durante más de treinta años ha recopilado voces, imágenes y archivos en su Ecomuseo “Alma Serrana”—, el film cuenta con la producción artística de Isabel Pereira, escultora y comunicadora comprometida con la memoria etnográfica, y la participación especial del etnólogo Francisco Jiménez Rabasco, experto en el patrimonio de Jaén.

Vídeo completo de la presentaciópn del documental “Maderadas”.
La historia de los pineros gancheros en la Sierra de Segura.

Más que un relato histórico, Maderadas es un acto de justicia con la memoria colectiva: reivindica el conocimiento tradicional del río, la cultura de autosuficiencia en el monte, el espíritu de las cuadrillas y la urgencia de preservar estos últimos testimonios antes de que se apaguen del todo. Como dice José Laso, “los pineros se fueron, pero sus voces siguen vivas en cada historia rescatada”. Para Isabel Pereira, el cine se convierte en puente entre arte e historia viva. Y para Jiménez Rabasco, las maderadas no fueron solo un oficio: fueron un sistema cultural completo, parte esencial de la identidad serrana que merece ser protegido y transmitido.
El acto de presentación incluyó una conferencia sobre la memoria colectiva de este patrimonio vivo, la proyección de los 53 minutos del documental y un coloquio abierto, todo en un formato de hora y media que invitó a reflexionar sobre un legado que el río ya no arrastra, pero que aún late en la sierra.



Un invitado muy especial: Francisco Jiménez Rabasco.

En el centro de un acto cargado de memoria y reconocimiento, se alzó una figura imprescindible para entender el alma etnológica de Jaén: Francisco Jiménez Rabasco. Etnólogo, sociólogo, historiador del arte y máster en Turismo, Arqueología y Naturaleza, su llegada a la provincia en 2005 marcó el inicio de más de dos décadas de entrega incansable a la salvaguarda del patrimonio cultural serrano.
Durante aquellos años dorados de la investigación etnológica en Jaén —entre 2003 y 2016—, Francisco fue pilar fundamental en la Delegación Territorial de Cultura y en el Departamento de Protección del Patrimonio Histórico. Desde allí, informó sobre aspectos etnológicos en planeamientos urbanísticos, atendió demandas ciudadanas, evaluó impactos ambientales y coordinó más de una veintena de inventarios y expedientes técnicos. Gracias a su trabajo, se lograron proteger y declarar como Bienes de Interés Cultural algunos de los tesoros etnológicos más preciados: la Romería de la Virgen de la Cabeza, las Fiestas del Corpus en Villacarrillo y Villardompardo, la alfarería tradicional de la provincia, y más recientemente, los Bolos Serranos.
Su mirada, siempre integradora y sensible a los modos de vida de la sierra, transformó la comprensión de oficios ancestrales como la maderada, viéndolos no solo como técnicas de trabajo, sino como complejos hechos sociales y culturales. Coordinó estudios en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas sobre caleras, pegueras, cultura del agua, salinas de interior, centrales hidroeléctricas, pozos de nieve y la arquitectura en piedra seca o las aldeas segureñas. Su empeño permitió reconocer y catalogar bienes como el Aserradero de Vadillo-Castril o el Sequero de Siles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, activando su valor simbólico y social para que formen parte viva del imaginario colectivo de estas sierras.
Colaborador de la Diputación Provincial, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y el Atlas del Patrimonio Inmaterial —con registros en La Loma, Las Villas y Jaén capital—, también se unió al Colectivo de Investigación de Sierra Mágina. Su compromiso le granjeó el afecto popular, llegando incluso a ser pregonero de las Lumbres de San Antón. En 2023, su trayectoria culminó con el Premio Argentaria, un justo homenaje a su defensa apasionada del patrimonio.
Hoy, en la presentación del documental Maderadas, su presencia tuvo un significado especial. Como investigador y etnólogo profundo conocedor de estos paisajes y oficios, Francisco nos invitó a contextualizar la urgencia de conservar, estudiar y transmitir este legado: un hilo esencial que teje la identidad colectiva de la Sierra de Segura y Cazorla, y que no podemos permitir que se desvanezca en el silencio del tiempo.


Veinte años cuidando la memoria de Jaén

Entrevista a Francisco Jiménez Rabasco
Por Modesto Martínez | Jaéndonderesido

En diciembre de 2005, un joven etnólogo granadino aunque de corazón iznajeño llegó a Jaén con una cámara, un cuaderno y muchas preguntas. Dos décadas después, Francisco Jiménez Rabasco se ha convertido en una de las figuras clave en la investigación, protección y difusión del patrimonio etnológico e inmaterial de la provincia. Su trabajo ha contribuido a que Jaén sea hoy una referencia en Andalucía en este ámbito, siempre con una mirada clara: el patrimonio no se entiende sin las personas que lo viven.
Con motivo de este 20 aniversario, conversamos con él para repasar su trayectoria, los retos del presente y las esperanzas de futuro.
Modesto Martínez. Paco, se cumplen 20 años desde tu llegada a Jaén. ¿Qué recuerdas de aquel diciembre de 2005?
Francisco Jiménez Rabasco. Lo recuerdo con mucha nitidez. Llegué con ilusión, respeto y muchas ganas de aprender. Venía a trabajar a la Delegación de Cultura , pero también a conocer una provincia compleja, diversa y riquísima en patrimonio cultural. Jaén me atrapó desde el primer momento, sobre todo por sus personas y por la diversidad de paisajes culturales.
M.M. Antes de Jaén ya habías trabajado en patrimonio etnológico. ¿Qué bagaje traías contigo?
F.J.R. Venía de Almería, donde trabajé en la documentación de fiestas de Moros y Cristianos y en la pesca artesanal del Levante almeriense. Aquello fue fundamental: convivir con las diferentes colectividades, escuchar a sus protagonistas, entender que el patrimonio no es algo estático, sino un proceso vivo. Esa forma de trabajar me ha acompañado siempre.
M.M. En Jaén has participado en la protección de numerosos bienes culturales. ¿Qué ha significado ese esfuerzo investigador?
F.J.R. Ha sido un trabajo colectivo y constante. Desde la Delegación de Cultura y después como asesor, he colaborado en declaraciones como la segunda fase del patrimonio minero industrial del antiguo Distrito de Linares–La Carolina, Balneario de Marmolejo, Jardines de la Alameda, Sequero de Siles. la incoación de los Bolos Serranos, etc, He coordinado más de una veintena de inventarios y documentaciones técnicas a lo largo de estos años tan diferentes como pueden ser salinas de interior, molinos, almazaras, arquitectura de piedra seca o pueblos de colonización. Pero más allá de las cifras, lo importante es haber dotado a muchos de estos bienes de herramientas legales de protección además de un conocimiento patrimonial del que antes no disponíamos.
M.M. Uno de los hitos de estos años ha sido la protección del patrimonio inmaterial.
F.J.R. Sin duda. El patrimonio inmaterial ha sido uno de los grandes avances de estas dos décadas. En Jaén se han declarado como Bien de Interés Cultural actividades tan significativas como la Romería de la Virgen de la Cabeza, el Corpus de Villacarrillo y Villardompardo, la Alfarería en la provincia de Jaén, y recientemente se ha incoado la protección de los Bolos Serranos. Son expresiones vivas, ligadas a la identidad, al territorio y a la transmisión intergeneracional. Protegerlas es reconocer a quienes las mantienen.
M.M. Has insistido siempre en que el patrimonio son, ante todo, personas.
F.J.R. Exacto. El patrimonio no se conserva solo con leyes o expedientes. Se conserva si la gente lo siente como propio. Mi trabajo siempre ha partido de ahí: escuchar, dialogar y respetar a las comunidades portadoras. Sin ellas, el patrimonio pierde sentido.
M.M. ¿Cuáles son hoy los principales retos del patrimonio etnológico en Jaén?
F.J.R. Entiendo que es fundamental recuperar la función del etnólogo o etnóloga en la Delegación de Cultura ya que ha desaparecido de forma más o menos permanente desde mediados del año 2013 y ahora solo está presente para encargos concretos, eso va en detrimento de la salvaguardia de los bienes etnológicos del provincia y además de ello, diría que sería tres los principales retos: la despoblación rural, que pone en riesgo saberes tradicionales; la desconexión generacional, especialmente entre los jóvenes; y la necesidad de gestión y planificación a largo plazo.
Pero también hay oportunidades: el patrimonio puede ser una herramienta para el desarrollo sostenible, la educación y el orgullo colectivo.
M.M. En 2020 recibiste el Premio Argentaria, que reconocía tu labor en la provincia. ¿Qué supuso para ti?
F.J.R. Fue un reconocimiento muy especial, porque entendí que no premiaba solo mi trabajo, sino el de muchas personas y colectivos con los que he caminado estos años. Lo sentí como un respaldo a una forma de entender el patrimonio desde la cercanía y el compromiso social.
M.M. Después de 20 años, ¿qué significa hoy Jaén para ti?
F.J.R. Jaén es casa. Es un territorio que me ha dado mucho a nivel profesional y personal. Aquí he aprendido que la memoria se cultiva, como una huerta: con paciencia, cuidado y comunidad. Y mientras quede patrimonio vivo y personas dispuestas a contarlo, seguiré ahí.
Veinte años después, Francisco Jiménez Rabasco sigue regando la memoria de Jaén. Una memoria hecha de agua, piedra, trabajo, fiesta y palabras compartidas. Una memoria que, gracias a personas como él, tiene presente… y futuro.

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